05-11-2008


Por esas fechas en Vitoria se celebraba una nueva edición de Periscopio. Una de las actividades era un taller con Mónica Allende, editora de Sunday Times Magazine.

Entre todo el trabajo que uno tiene todos los días, una nueva tarea. Un reportaje para el día siguiente, una práctica que analizar. “¡Qué pereza!”, pensé. ¿Cómo me iba yo a plantear algo para el día siguiente! Estrés, ansiedad, desgana… ¡Paso!

No dejaba de darle vueltas y no encontraba algo que me atrajera. Quizás la almohada me daría algo.

Corría la madrugada del día en que el mundo iba a cambiar. Llevaba mucho tiempo no hablándose de otra cosa y ya había llegado el día. De repente, como muchas otras veces, en medio de la noche, los procesadores empiezan a funcionar, se abren mis ojos y el sueño se esfuma. Me acuerdo milagrosamente de que era LA NOCHE. Enciendo la TV y empiezan a ofrecer resultados definitivos.

La bombilla se enciende, busco una cámara. En casa de herrero… no hay ninguna. Nueva bombilla: el iPhone. Nunca lo utilizo para hacer fotos. Vamos a probarlo.

Apoyado en el marco de la puerta hago pruebas. Consigo la distancia en la que además de enfocar, exponga en condiciones. Pruebo con la tele del salón, se supone que es mejor. Una M… Me vuelvo a la habitación y me clavo al marco de la puerta del baño. Empiezan a sucederse las imágenes, yo lo voy fotografiando todo. No hay mucho margen para componer, encuadrar y exponer. Esperar y disparar, rezar y seguir disparando. Desde las 5:13 hasta las 06:20 viajando desde mi habitación por todo EE.UU. Una secuencia que viene marcada por el reloj que indica que se emite en DIRECTO. No tengo ni que titular, el equipo de CUATRO lo hace por mi. El retardo al disparar hace que me pierda algún momento, los fundidos y cambio de imágenes del realizador me regalan unas superposiciones preciosas.

Documentalismo puro y duro y casi sin salir de la cama.

Al día siguiente unos pequeños ajustes en el ordenador y a presentar mi experiencia, mis deberes.

Éste es, en parte, el resultado de aquella noche. Ha estado extraviado entre tanto disco duro.

Por cierto, el mundo, tal y como lo conocimos antes de aquella noche, sigue igual. No creo que estuviera en sus manos, sin embargo sí creo que las cosas pueden lograrse con un poco de suerte. Eso sí, que la suerte te pille trabajando.

Y os preguntaréis porqué cuelgo este post ahora. Pues bien, parece que todo pinta oscuro en el horizonte y creo que debemos mantener fresco en la mente que, como promulgó hasta la saciedad: YES WE CAN. A mí me sirve para recordar cada día que, en ocasiones, de la nada puede surgir un todo o una parte de un mucho más.

Ánimo y a trabajar.

YES WE CAN !!


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