VITAL ERAIKINA

La obra se compone como un mecano mediante 5.000 metros de acero y vidrio. Su imagen exterior congrega varias ideas superpuestas como generatriz de una única piel: reflejo por un lado del pequeño bosque de juncos cercano a la obra, nacidos de los humedales; y por otro, de la vida, representando con su planta y con su fachada un cromosoma, símbolo de la vida y, por ende, de la génesis de la empresa.  

Su planta, con forma de H semejante a un cromosoma, da lugar a un edificio de baja altura, menor de 15 metros, respetando la identidad natural propia de la zona, en el que se ha implantado la imagen del código genético de un organismo vivo. Sus brazos quedan unidos en su parte central, núcleo vital y distribuidor del edificio, donde se ubica el acceso y las representaciones artísticas principales. La geometría celular se ha llevado al extremo, de tal manera que Vital Eraikina, con su morfología, se posiciona dentro de la parcela de la misma forma que lo hace un cromosoma en el núcleo de una célula.

La fachada del edificio, uno de sus aspectos clave, se genera a raíz de dos ideas: la directriz vertical y la sensación de movimiento. La primera imita y refleja el entorno, es decir, los árboles de una chopera cercana y los juncos que delimitan los humedales de Salburua. Así, el propio edificio recoge la imagen de la naturaleza enfrentada a él para integrarse en el contexto y delimitar el impacto de la construcción. Al igual que los juncos se mueven con el viento, el segundo factor de la fachada se recoge en el dinamismo aportado por la cambiante silueta de las trazas verticales.

Los soportes de fachada, además de su función estructural, sirven para crear la visión interior de que estamos contemplando el paisaje desde dentro de un bosque movido por el viento.